“Alicia en el fondo de la bañera”
Capítulo primero – Abierto el grifo…
Era una tarde aburrida en casa de Alicia ya que se había quedado en casa leyendo un libro sobre espejos mientras que sus padres y sus hermanos se habían ido a comprar a la ciudad. Estaba castigada por haberle dado a Dina el pescado de la comida.
El libro era aburrido y no decía nada sobre la inversión de las imágenes ni sobre los cristales, sólo divagaba sobre el origen, la historia y la evolución de los espejos; y esto a Alicia le pareció de lo más cansado, así que decidió dejarlo y buscar algo interesante para hacer.
-Podría comer algo, aunque sólo de pensar en comer me acuerdo de las pescadillas de hoy-pensó Alicia muy seria- tal vez podría subir a mi cuarto a jugar con mis muñecas, pero Dina les mordió la cabeza y ahora están feas.
Alicia no sabía que hacer por lo que se dirigió a la habitación de su hermana decidida a coger un libro de aventuras que su hermana le leyó un día en el campo no hace mucho. Alicia se asomó tímidamente desde el marco de la puerta y se adentró poco a poco algo dubitativa.
-No sé si debería cogerle el libro a mi hermana, de siempre tengo oído que hay que pedir permiso para coger prestado algo a una persona mayor, pero como ella no está ahora aquí-se excusó mentalmente Alicia.
Rebuscando por la mesa de estudios de su hermana, Alicia vio un objeto brillar encima de una cuartilla y sin pensarlo lo intentó coger con la mano derecha, pero el objeto en cuestión era un tintero y éste se cayó encima del vestido de la niña.
-¡Oh no! ¡No puede haber pasado esto!-dijo asustada Alicia-¡Me he manchado mi vestido y mamá se enfadará conmigo! ¡Tanto como lo hará mi hermana por haberle manchado el libro!
Alicia, agobiada por sus pensamientos, corrió hacia el baño y sin quitarse la ropa se metió debajo del grifo. Mientras suspiraba aliviada, Alicia no notó como se encogía poco a poco hasta quedarse con unos pocos centímetros.
Capítulo segundo – Las esponjas y las toallas no callan
Cuando Alicia abrió los ojos, todo era muy distinto, estaba empapada pero sin una sola mancha de tinta; se tuvo que frotar muy bien los ojos porque todos los objetos de la bañera habían cambiado de tamaño y ahora ella los miraba desde lo bajo.